lunes, 3 de noviembre de 2014

Textos sin sentido. Pero llueve.

Aún sigo dándole vueltas a si todas esas frases van por mí, a si cuando miras twitter me veo reflejada en tu memoria cuando lees cosas que, por casualidad, hablan de enamorarse de desconocidos más fuerte que del amigo que has tenido siempre de la mano. Me pregunto si recuerdas mis noches malas con la misma fuerza que las buenas. Tonta enamorada, ilusionada, con ganas (de ti). 

Te contaré, amor, que desde hace meses mi cama es el único refugio donde puedo abrazar la almohada pensando que eres tú y sonreír porque duermes a mi lado. ¿Es un espejismo? ¿Realmente me da calma? ¿Quizá tú me estés abrazando a pesar de los recuerdos o ya no soy lo último en lo que piensas al acostarte? 

¿Sabes? Te sigo echando de menos. Tengo miedo a que tú ya no lo hagas, a que la distancia se haya llevado consigo esa necesidad de casa. Tengo miedo del miedo, de los abrazos, de temblar cuando me escribes, de susurrar cosas mientras (te) escribo otras diferentes. Tengo miedo de ti y de quererte tanto. Créeme cuando te digo que una vida a tu lado se me queda corta pero: ¿qué es la vida si no es contigo? 

Hoy, afuera, llueve(s).

sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Pido demasiado?

Dame una de esas noches especiales en las que no nos quedemos hipnotizadas mirando las luces de las velas porque nuestros ojos brillen más y sean más profundos. 
Confiésame otro secreto y sorpréndeme una vez más. 
Acaríciame sutilmente por debajo de la mesa y haz que toda mi piel se erice. 
Sonríe de manera pícara, agárrame la mano y salgamos a besarnos en los portales. 
Hazme el amor lento, suave, como si los minutos no fueran a pasar nunca. 
Plántate en mi puerta una mañana cualquiera con unos billetes de avión para el fin de semana siguiente. 
Recorre de mi mano una ciudad desconocida y bésame con ternura cuando me canse de esperar que hagas mil fotos cuando yo quiero continuar. 
Escribe junto a una taza de té mientras yo refunfuño porque mi estudio es demasiado pequeño, no apagas la luz y quiero dormir. Pero después léeme con tu voz dulce, lee en voz alta las palabras de la chica que escribe y mira cómo cierro los ojos y sonrío en sueños. 

Bésame en la frente y abrázame toda la noche. Toda la vida.


¿Pido demasiado?



miércoles, 29 de octubre de 2014

Despacito.

Desde que hago la cama y doblo el pijama todas las mañanas me acuerdo más de ti. De ti y de las prisas, de hacerlo todo a última hora y levantarme a las 5 para ordenar la habitación o pasarme horas fregando el día anterior a tu llegada.

¿Sabes, amor? Ahora me tomo las cosas con calma. La calma que nunca tuvimos en aquella espiral de vértigo en la que caímos desde el minuto cero. La calma que se volvía necesidad cuando toda ropa estorbaba y salía disparada un tiempo récord. Y sí, te lo reconozco, no era de mi agrado. Siempre me han gustado las cosas lentas y en la primera cita es mejor empezar con un beso en la mejilla y acabar con uno en los labios en tu portal. Pero cómo decirle que no a las ganas. Cómo decirte que no a ti. 

Ahora no. Ahora te pienso más lento, pero más fuerte. Y quiero de manera distinta, pero al mismo tiempo de la misma. Y eso es algo que no se puede cambiar. ¿Si te digo que ahora prefiero quedarme 5 minutos mirándote a los ojos sin bajar la mirada un segundo a tus tetas me creerías? Porque es así. No hay prisas, sólo miedos. Pero las metáforas siguen en el aire y la poesía siempre se ha leído mejor despacio. Y tú, amor, mereces que te lean como al mejor poema del mundo. 


lunes, 27 de octubre de 2014

Paréntesis.

Hoy te he imaginado paseando por Gran Vía, con tu falda al vuelo, la música sonando fuerte en tus oídos, un poemario en el bolso y la mirada en el suelo para no tropezar. 

¿Sabes, amor? Aún me pregunto si recuerdas mi olor cuando alguien fuma a tu lado en la parada de autobús, si cuando alguien lleva mi colonia cierras los ojos para recordar. Tal vez cuando pares en el paso de cebra de Plaza España desees que vuelva a abrazarte por la espalda hasta ver la luz verde. Y quizá cuando pases por el escaparate de alguna librería mires atrás para comprobar que no me he quedado ensimismada con los libros y tú has avanzado sin darte cuenta de que yo había soltado tu mano. Es posible que, cuando hayas vuelto a coger un taxi en Callao, quizá hayas pensado en cómo nos despedíamos sabiendo que a primera hora yo buscaría vestidos de flores y tú una camisa y un cigarro. Puede que una noche cualquiera, entre sueños aún, hayas mirado el móvil y hayas creído ver un poema mío que a la mañana siguiente no has encontrado en tu teléfono porque sólo había sido un sueño. Quizá hayas vuelto a leer mis textos en voz alta para repetirte que no fue sólo un espejismo, que fue lo más real del mundo. 

¿Alguna noche te has sentado a las 6 de la mañana a escribir(nos) sin que yo lo supiese?

¿Has abrazado la almohada o aquel peluche pensando en cómo era(mos)? 

¿Has sentido el vello que se eriza en los atardeceres más hermosos (y tristes)? 

¿Seguirás, algún día, contando los kilómetros (219) y las horas? 

¿(Nos) ves en las nubes y en el humo? 



Yo sigo buscando formas en las nubes y dibujo versos con el humo del tabaco. 

miércoles, 9 de abril de 2014

Musas.

Ebria de sonrisas que ya no aparecen despertó aquella mañana sin haber podido conciliar el sueño un solo minuto. Alimentándose de recuerdos imaginó su cama, su almohada mojada sin la compañía de Morfeo, el cual tampoco se había pasado de visita esa noche. Entonces llegó el momento en el que se preguntó por qué las musas ya no le hacían visitas y por qué la luna ya no brillaba en el cielo. Poco a poco y sin pensarlo se respondió que mañana sería un día distinto y se fue a dormir cuando la ciudad empezaba a despertar, cuando las nubes tapaban el sol que, aquel día, tampoco parecía tener ganas de salir de la cama.