martes, 17 de marzo de 2015

La vida.

Hoy es el día. El día que paseas por la calle y llega el olor de su colonia y te das la vuelta y la buscas y no aparece y vuelves a la realidad. 
Entonces miras a la persona cuya mano has soltado, con la sonrisa a medias y los ojos tristes. La miras y no sabes bien cómo decirle que lo sientes, que no es ella, que pensabas que en los últimos 5 meses habías conseguido borrar su recuerdo gracias a sus labios, pero que acabas de darte cuenta de que no te provoca el mismo escalofrío que ha recorrido tu cuerpo hace medio minuto. Que cuando te tumbas en el césped y miras las estrellas las noches de verano oyes su risa, notas cómo te roza la mano con la brisa suave, rememoras sus andares de niña buena mientras se recoge el pelo en una coleta precipitada y se lanza a tu cuello. Y que, pensabas que no, pero sigues viéndola en todas las mujeres que llevan un vestido de flores y deseas arrancárselo para llevarlo a los pies de su cama para que, cuando despierte, lo encuentre como un regalo de un hada madrina. 
Ese día se repite. Mes tras mes, año tras año. Siempre cambian las mujeres que van de tu brazo, pero nunca el olor a esa colonia mezclada con el tabaco rubio. Tampoco cambia la cobardía de no pulsar el botón de llamar, mandarle un mensaje o presentarte  en su puerta con las manos en los bolsillos, mirarla a la cara y decirle: sea como sea, pase lo que pase, viva lo que viva, seguirás siendo siempre el amor de mi vida.  

martes, 16 de diciembre de 2014

Poesías del 27 y tu recuerdo.

Hoy me he comprado un libro de poesías del 27 y he impreso nuestras conversaciones. Me negaba a creerme que todo hubiese sido un sueño y mi cama me ha acogido tan caliente como siempre, con sábanas nuevas que ni siquiera llegaste a ver (también verdes, por si quieres saberlo). He combinado las mejores poesías con nuestros versos, nuestras caricias en forma de palabras. Y sí, por si quieres saberlo, aún se me sale el corazón por la boca cuando te leo tan tú, tan nosotras, tan fugaz. Esta noche no dormiré bien. Me da igual. Necesitaba volver a sentirme viva.



"Me gustaría acurrucarme a tu lado y mirarte mientras duermes, acariciar tu pelo y tus mejillas, darte un beso en el cuello y decirte que te quiero al oído"



¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada? 

Yo sólo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica. 

Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda, 

no parece que se apoya,
flota, navega, resbala...
Os hablaría de un gesto
muy suyo..., de sus palabras, 

a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas... 

Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.

Gerardo Diego

martes, 25 de noviembre de 2014

(Des)amor.

Te encontré y encontré en ti lo que siempre había buscado, las manos frías que se aprietan, las complicidades que lloran como el agua de la lluvia en los cristales, los corazones rotos para los que no quedan tiritas ni cementos posibles. Cavamos nuestra propia tumba con nuestros actos, la pusimos bonita y yo aún sigo dejándole flores el primer día de cada mes, con una sonrisa y una lágrima. Nos matan las ganas de besar y no poder, los autocontroles que funcionan en el momento exacto pero que más tarde pasan a convertirse en ira de no haber podido besar tus labios explotando como una ola rompiendo un día de marejada. Nos leímos en las líneas de poesías ajenas sabiendo que, al final, todo poema es triste. Aunque, reconócelo, nunca quisimos acabar así. Nos condenamos. Tú y yo. Sin miramientos, sin esperanzas, sin sonrisas. Nos obligamos a llorar por las noches y a perder las fuerzas. Pero, aun así, cuando siento que te pierdo mi corazón me recuerda más fuerte que puede soportar todo el dolor con tan de volver a abrazarnos en la estación de turno, sabiendo que habrá despedidas pero también reencuentros. Y eso, amor, es lo que me hace ser incapaz de dejar de quererte. Nunca pensé con el corazón, pero esta vez la razón es la que se ha tomado vacaciones indefinidas, quizá esté de baja por (des)amor. 


Recoge los pedazos una vez más, haz que los ojos brillen, construye cosas nuevas. Esos y otros consejos que, en ocasiones, queman hasta morir. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Vértigo.

Regálame un libro. Ven a verme sin que te lo pida, haz que sonría cuando te vea parada en la puerta de mi casa con tu bufanda roja y una sonrisa tierna. Abrázame cuando no lo necesite y dame un guantazo cuando sea el momento exacto. Quiéreme cuando me ponga tonta y sólo queden ganas de marcharte, te prometo que se me pasará pronto. Aceléranos al máximo hasta que haya riesgo de caer al precipicio; siente vértigo. Pero después frena. Ve con calma, cuenta mariposas y agárrame la mano. Mira al cielo cada atardecer, desea con todas tus fuerzas querer pasarlo a mi lado. Te prometo que, en poco tiempo, llegaré. Piensa en la primavera, en las flores de cerezo acariciando tus piernas mientras éstas salen curiosas del vestido más bonito. Deja tu carmín en mi mejilla, esta vez no me voy a enfadar. Baila conmigo sin música, recítame poemas al oído, descansa tu cabeza en el hueco de mi pecho. Escribe poesía en mi espalda y vuélvete a quedar toda la noche despierta para amansar mis pesadillas. Dibuja semifusas en mi pelo. 


Salta. Quítate el abrigo y salta desde lo más alto. Ya ha llegado la hora. Prometo no dejarte caer. 


jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Bailamos?

Recuerdo aquella mañana con total claridad. Paseábamos lento agarradas de la mano, como una pareja de los años 20. Nos parábamos en cada esquina, el cielo estaba azul y las nubes hermosas. No hacía frío.

La magia llegaba de tantas formas y matices diferentes que sigo estremeciéndome al recordar. La melodía de violín que se escuchaba a lo lejos aún resuena a veces en mi cabeza cuando leo poesía. En mi mente, las imágenes de aquel abrazo por la espalda mientras nos balanceábamos al mismo ritmo. 

Sonreír. 

Pensar que hay paseos eternos, que esa sería la primera mañana en un parque que nos vería repetir el mismo camino los domingos por la tarde. Imposible olvidar tu forma de correr, de invitarme a bailar. Tampoco olvido mi sonrisa más plena al verte exultante de felicidad ni mi pensamiento de estar segura de que, por una vez, había tomado la decisión más correcta.

Paseé sin poner un pie en el suelo pero agarrando tu mano. Mirándote. Y no fue un sueño, fuiste tú. Tan real, tan musa y tan poetisa. Y yo no te saqué a bailar.





Vuelve a invitarme a bailar en la calle, en el sofá, en la cama, en las discotecas más oscuras, en tus ojos. Invítame, porque aquella vez sólo podía contemplarte. Invítame a bailar la canción más horrible del mundo, pero hazlo. Vuelve a los paseos y las sonrisas. Vuelve a hacer que mis ojos bailen.