lunes, 27 de octubre de 2014

Paréntesis.

Hoy te he imaginado paseando por Gran Vía, con tu falda al vuelo, la música sonando fuerte en tus oídos, un poemario en el bolso y la mirada en el suelo para no tropezar. 

¿Sabes, amor? Aún me pregunto si recuerdas mi olor cuando alguien fuma a tu lado en la parada de autobús, si cuando alguien lleva mi colonia cierras los ojos para recordar. Tal vez cuando pares en el paso de cebra de Plaza España desees que vuelva a abrazarte por la espalda hasta ver la luz verde. Y quizá cuando pases por el escaparate de alguna librería mires atrás para comprobar que no me he quedado ensimismada con los libros y tú has avanzado sin darte cuenta de que yo había soltado tu mano. Es posible que, cuando hayas vuelto a coger un taxi en Callao, quizá hayas pensado en cómo nos despedíamos sabiendo que a primera hora yo buscaría vestidos de flores y tú una camisa y un cigarro. Puede que una noche cualquiera, entre sueños aún, hayas mirado el móvil y hayas creído ver un poema mío que a la mañana siguiente no has encontrado en tu teléfono porque sólo había sido un sueño. Quizá hayas vuelto a leer mis textos en voz alta para repetirte que no fue sólo un espejismo, que fue lo más real del mundo. 

¿Alguna noche te has sentado a las 6 de la mañana a escribir(nos) sin que yo lo supiese?

¿Has abrazado la almohada o aquel peluche pensando en cómo era(mos)? 

¿Has sentido el vello que se eriza en los atardeceres más hermosos (y tristes)? 

¿Seguirás, algún día, contando los kilómetros (219) y las horas? 

¿(Nos) ves en las nubes y en el humo? 



Yo sigo buscando formas en las nubes y dibujo versos con el humo del tabaco. 

miércoles, 9 de abril de 2014

Musas.

Ebria de sonrisas que ya no aparecen despertó aquella mañana sin haber podido conciliar el sueño un solo minuto. Alimentándose de recuerdos imaginó su cama, su almohada mojada sin la compañía de Morfeo, el cual tampoco se había pasado de visita esa noche. Entonces llegó el momento en el que se preguntó por qué las musas ya no le hacían visitas y por qué la luna ya no brillaba en el cielo. Poco a poco y sin pensarlo se respondió que mañana sería un día distinto y se fue a dormir cuando la ciudad empezaba a despertar, cuando las nubes tapaban el sol que, aquel día, tampoco parecía tener ganas de salir de la cama. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Ni Nerudas, ni Lorcas, ni Quevedos.

Me paro en semáforos en verde esperando a que vengas y me abraces por la espalda, diciéndome al oído que ya es la hora de volver a casa y que mañana nos espera un día agotador. Sin embargo es Borges quien se mete en mi cabeza, recitándome tu ausencia y empujándome a cruzar en rojo. 

Ni Nerudas, ni Lorcas, ni Quevedos; yo te quiero a ti. 

martes, 4 de marzo de 2014

Give me a beer.

Quiero enamorar a la chica que se duerme abrazando a la almohada y a la chica que se pone esos tacones para sentirse más fuerte. Quiero enamorar a la que se pinta los labios de rojo para pasear por su habitación y a la que sale de casa despeinada por las prisas. Quiero enamorar a la chica del corazón roto y a la chica que tiene las decisiones claras. Quiero enamorar a la chica dulce e infantil y a la chica fiera en la cama.


Yo quiero enamorarte, chica que escribe.


sábado, 1 de marzo de 2014

Escribir(te).

Me pregunto cuándo dejé de escribir en abstracto para escribirte a ti, a las 23:42 y acompañada por un Cola Cao y tu risa en vez de latas de cerveza que contienen colillas con carmín rojo. Me pregunto cuándo irrumpiste en mi vida y cómo hiciste para recuperar la parte de mí que ya no estaba, que ya se había marchado. 
Aún no sé la fecha en la que prometí llevarte a París, pero nunca había deseado con más ganas enseñarte los rincones más ocultos donde se esconden melodías de violín y pinturas en acuarela. Correremos buscando las mejores vistas para admirar la Torre Eiffel y nos besaremos apasionadamente en un hotel desde el que veamos gatos negros pasearse por los tejados. Quizá, en uno de esos paseos, una mirada significará más que todas las palabras del mundo que pueda escribir(te) y comprenderás que no es que sea fácil ni bonito; es que tú lo haces así. 
Algún día, perderemos vuelos una y otra vez por el simple capricho de no poder dejar de mirar tu cara bañada por los rayos de sol al amanecer y acabaremos llorando de la risa porque, sí, lo hemos vuelto a hacer. Hasta entonces las estaciones guardarán los abrazos más sinceros, las palabras más bonitas y las promesas de escribir(te) un poco cada noche para no sentirte tan jodidamente lejos. 


Debo reconocerlo, los monstruos del armario son cada vez más pequeños, sólo hace falta que tú vengas a besarme y a eliminarlos del todo.